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domingo, 17 de febrero de 2013

El "¿Por Qué?" del olvido

Me pregunto cuántas cosas he borrado de mi memoria sin querer. Cuántos recuerdos se me han traspapelado entre nuevas historias que se almacenan ahora en mi cabeza. ¿Olvidamos porque sí? ¿Hay algún motivo oculto que nos haga olvidar? Quizá alguna parte de nuestro cerebro estará programada para eliminar los momentos que no queremos volver a vivir mediante nuestros pensamientos. O incluso puede que seamos nosotros mismos, de manera inconsciente, los que evitamos algunos de esos recuerdos. Echo la vista atrás y se me quedan muchas cosas en el aire. Puedo visualizar momentos concretos, pero ¿Cómo se qué no se me escapa nada? ¿Cómo se si esos recuerdos están completos? Siempre hay una nube, traslucida, que nos dificulta la visión completa de esa figura que queremos descubrir.
Me voy por las ramas. Sólo tengo la extraña sensación de que nuestro cerebro tiene mucha más capacidad de la que nos deja útil. Ojalá tuvieramos la capacidad de elegir que olvidar y qué no. Ojalá nuestra cabeza funcionara como un ordenador y su dico duro, Dónde nosotros mismos decidamos qué almacenar y qué no. Ojalá hubiera un botón y pudiera borrar a esas personas que me han hecho daño y a cambio recobrar esos momentos de mi infancia que cada vez están más lejos. Saltar a otra dimensión dónde poder volver a revivir aquellos tiempos pasados que dicen que fueron siempre mejores. Y lo fueron. Si que lo fueron, al menos por ahora.
La invisibilidad de la palabra olvido. ¿ Por qué recordamos algo que significa “no recordado”? . Siempre me refugio bajo el escudo de la retórica; pero a veces es la única forma que tengo de encontrar una única respuesta. El olvido es una forma de aliviarnos. De aliviarnos de lo que fue tan malo años atrás. Aliviarnos de lo que ha sido tan bueno que no podríamos compararlo con la mediocridad del presente. Olvido es descanso. Olvido es perdón. Olvido es evadir.