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domingo, 28 de julio de 2013

Nuestro castillo de naipes

Crujió y se resquebrajó en pedazos. Algunos diminutos e imperceptibles; esas pequeñas diferencias nuestras de siempre que nos mantenían unidos pese a todo, pero que tampoco logré encontrar. Y después otros pedazos muchos más grandes, las bases, quizás los cimientos de todo… Que nos ganaban en número, tamaño y peso. Cuya pérdida resultó irreparable y posiblemente fue el detonante para que todo se viniera abajo. Quizás debería parar de buscar esos pedazos; si de por sí es complicado encontrarlos, volver a unirlos y formar algo que se parezca a lo original es imposible… Aunque creo que ahora es lo que menos importa. Si al menos me hubieras ayudado, todo hubiera sido más fácil. Lo que verdaderamente importa aquí es que no estás, que no has estado ayudándome. Que te has ido sin intentarlo, sin mancharte las manos por el camino fácil y con un recambio de segunda mano del todo a cien debajo del brazo. A mí me pesa sin haberlo intentado, pero tú sigue en tu empeño, algún día te darás cuenta que no vas a encontrar nada que equipare lo nuestro. Yo mientras tanto espero encontrar alguien que esté dispuesto a darlo todo por mí, hasta el último momento e incluso más allá.