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jueves, 25 de abril de 2013

Pequeña angustia de cuento

Un ruido. El miedo y el silencio se apoderan de mi cuerpo y mente. La impotencia inunda mi habitación con el presentimiento de que en cualquier momento aquello llegaría... No se en que pensar. La mente en blanco y el corazón en la garganta. La adrenalina fluye por mis venas y el sudor comienza a brotar por mi piel. Gritos. Y la puerta de mi habitación cerrada.  La agustia no deja de presionar en mi mente. Todos los problemas aparecen para juntarse en uno solo: la desesperación. Las lágrimas caen, el corazón se acelera, mi piel se torna pálida. De repente, crece en el ambiente un silencio terrorífico. La tranquilidad del momento se convierte en un caos dentro de mí. Cuando por fin reúno el coraje para moverme, lentamente avanzo hacia la puerta; al girar la manilla, mis pies descalzos sienten algo líquido y tibio. Sangre. Sangre en el pasillo. No me atrevo a gritar, tomo aire. Mi corazón late tan fuerte que puedo oírlo. Levanto mi vista y avanzo. Mis piernas y brazos tiemblan, y en el momento en que entro a la sala, un escalofrío recorre mi espalda.  De un momento a otro, un dolor insoportable se hace presente en mi cuello; puedo sentir cómo el frío del acero atraviesa mi piel. Caigo de rodillas sobre la sangre. Los colores se mezclan, la vista se torna negra, el resto de mi cuerpo se derrumba, la respiración se corta, mis párpados se cierran, el corazón deja de latir. La vida se derrama, a través de mi garganta.