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lunes, 17 de junio de 2013

Pequeña gran reflexión

Observando lo duro del camino, te das cuenta de cuántas veces has tropezado y te has levantado por muy dura que fuese la caída, de cuántas veces has amado, te han amado y de aquella que tanta huella ha dejado, de cuántas personas han pasado por tu vida, cuántas continúan y cuántas se han marchado, de lo difícil que es decir lo siento cuando lo has hecho, de que no se puede odiar por más que lo intentes, de que te puedes indignar y sentir que todo es injusto y está perdido, de que el amor por tus padres es lo más grande que hayas conocido, de que la inocencia de un niño no debería de haberse ido, de que nacemos felices y cuánto nos cuesta mantenerlo, de que no disfrutamos de las cosas pequeñas y verdaderas, de que queremos más, sin saber que ya lo tenemos, de que las heridas no las cura el tiempo sino el olvido, de que podría haber sido de otra manera, pero así ha sido, de que un amigo se elige y siempre está contigo, de que la familia va contigo pero, a veces, desearías haberla elegido, de que somos meros visitantes en esta tierra que estamos matando, de que el dinero puede más que el amor, y por él nos están matando, de que vivimos con miedo porque así nos lo han inculcado, de que quizás no lo veas, pero todo está cambiando...
Es muy largo el camino y aún queda mucho por recorrer, por eso levántate aunque tropieces, porque serás más fuerte que cuando caíste. Ama con todas tus fuerzas pero sólo a quien te corresponda. No des motivos a quien es importante en tu vida para que la abandone. Pide perdón cuando sea necesario. Nunca odies porque no sirve de nada, sólo para hacerte daño a ti mismo. Indígnate, sí, pero no te quedes tan tranquilo y lucha por lo que te lo ha producido. Ama a tus padres sobre todas las cosas. No pierdas la inocencia de tu niño porque así verás cuánto has crecido. No dejes que nada te haga dejar de ser feliz, si depende de ti lucha por ello, sino, ¿Para qué preocuparse? Mira a tu alrededor y descubrirás cuantas cosas hermosas hay en la vida. No desées más, valora lo que tienes y si necesitas algo, vive cómo si ya lo tuvieses. Cierra tus heridas para así abrir tu corazón. Acepta las cosas como han sido, y si puedes hacer algo para cambiarlas, házlo. Cuida de tus amigos, de los verdaderos, porque serán los que estén ahí en los malos momentos. Intenta mantener a tu familia unida, pero si no puede ser, no sufras por ello. Cuida de la tierra porque en ella vivirán los que vengan después que ti. No permitas que el dinero dirija tu vida, porque acabarás corrompido. No te dejes llevar por el miedo, hasta los valientes lo sienten pero aprenden a luchar aun a pesar de ello. No te quedes atrás y construye tu futuro, porque todo está cambiando aunque no lo creas. Vive el momento, disfruta, porque nunca sabes cuando terminará tu destino y, cuando te sientas abatido, mira a tu alrededor y piensa lo afortunado que has sido, porque sigues vivo y por todo lo que has vivido.