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viernes, 1 de noviembre de 2013

Me llenas como nadie

"Te amo, y no quiero que me dejes nunca", te digo, y sonríes moviendo la cabeza en un gesto obstinado de negación juguetona. Entonces me besas, y con tu lengua besando la mía es difícil llevarte la contraria en algo. Me aprieto bien cerca de ti, con mi cuello en tus labios, y tu esencia en mi camiseta. Tu frente se apoya en la mía, y, mirando tus ojos grandes y castaños, se me pasa de todo por la mente. Sólo pienso en perderme en la curvatura de tu codo, en esconderme en las sábanas de tu habitación. Quiero que seas para mí, que sea tuyo, descubrir contigo todo lo que me falta por descubrir.
"Quiero que seas la madre de mis hijos", a medio camino entre la broma y la seriedad; y sí, aún temo que te levantes un día y comprendas que no te llego ni a las suelas de los zapatos, me dejes y te esfumes de mi vida. Ya no tendría tus besos de buenos días, ni tus mensajes de buenas noches; nadie me abrazaría por las mañanas, nadie me cogería la mano de camino a clase... Mi vida se quedaría tan vacía como vacía estaba antes de conocerte.
"Te amo", susurras cada vez que estamos juntos, y juro por Dios que no hay nada que me haga más feliz. Sacas mi sonrisa bobo, mis nervios tontos y mis sonrojos de¡ enamorado. "Yo más", te contesto, en un mudo reto de quién ama más a quién. "Siempre ganaré yo", prosigo, escuchando tus protestas entre beso y beso en la puerta del instituto.
Ya no siento el aire escurriéndose entre mis dedos, ya no hay huecos que llenar, pues ahora tus manos siempre están entre las mías...